jueves, 2 de abril de 2015

PALABRAS ESCRITAS POR PAULA PARA EL ACTO CONMEMORATIVO DEL DÍA DE LA MEMORIA
24-03-2015
Tal vez algunos no saben de que se trata este día
Tal vez algunos están en contra de que se conmemore
O tal vez algunos no le dan importancia y se alegran porque este día les da un feriado más en al año
Pero yo, no estoy entre esos algunos, yo cada 24 de marzo me pongo a reflexionar, voy a la Plaza de Mayo, lloro y grito
Grito de furia, para desahogarmede un profundo enojo que tengo desde que entiendo del tema
¿Porqué grito de furia?
Porque hace 39 años, un 15 de abril de 1976 secuestraron a mi abuela, la privaron de su libertad y nunca más supimos de ella.
No la conocí pero desde que nací la busco y la voy a seguir buscando hasta que sepa que  le hicieron, porque y donde la dejaron
No voy a bajar los brazos por no tener respuestas, voy a mantener viva la memoria, voy a buscar la verdad para que se haga justicia
Yo sigo, como miles de familias mas que buscan a sus hijos, nietos , padres y abuelos, como en mi caso
Sigo con la esperanza de encontrarla y tengo las mismas ganas y la misma fuerza desde el primer día, desde que me contaron y entendí todo
Es el día de hoy que no logro entender lo que le pasaba por la cabeza a Videla, Massera, Agosti y  a todos los que los siguieron, no entiendo su crueldad y ferocidad, que fue acompañada por muchos civiles y militares
 ¿Qué era lo que querían? ¿Hacer sufrir a todo un pueblo? ¿Matar a todos los que estuvieran en contra o pensaran diferente? No entiendo cómo podían hacer todo tan libremente, sin que nadie los viera ¿Oes que había gente que veía, se calló y aún sigue callada?
No viví esa época, pero creo que si hubiese estado en ese momento hubiera hecho lo mismo que mi abuela
Cuesta entender, pero se que el camino está en aprender y saber que fue lo que pasó para que NUNCA MÁS pase de nuevo
yYes por eso que hoy leo, miro y escucho para entender mas Entre los que escucho está ana, amiga de mi abuela, a quien también secuestraron mantuvieron desaparecida y luego presa, todo esto entre 1976 y hasta 1982
Antes que la escuchen les digo: no busco venganza, ninguno de nosotros lo hace

Buscamos mantener viva la MEMORIA, para encontrar la VERDAD, que nos llevará a conseguir la JUSTICIA

Paula AMOR, tu nieta de 15 años que sigue buscandote

sábado, 10 de agosto de 2013

ANA SU AMIGA ENTRAÑABLE



viernes, 13 de junio de 2008 http://www.sumarioenred.com.ar/img/com.jpg http://www.sumarioenred.com.ar/img/sob.jpg
 
“Me preparé para memorizar esto 30 años”
Juicio a Menéndez: La docente y documentalista Ana Mohaded reveló la extensión institucional del aparato represivo.

 

Por Alexis Oliva (*)

“Quedé viva y acá estoy. Siempre estuve rodeada de amor, de los compañeros de antes y de ahora; de los hijos de los compañeros y de mis hijos. Tratando, como dice el poeta, de ‘andar viva, con el mismo corazón y el mismo pensamiento’. Y hermanándome con otros dolores, algunos más permanentes y estables, como la pobreza del país, allá, en La Perla, y acá, pienso que un país más justo es posible. Eso que nombrábamos como socialismo, aunque ahora suene anacrónico: considerar al otro como un ser humano igual y digno. Porque también vengo a preguntarme por qué relatar tanto dolor, sino es para que se haga justicia por un país mejor”.
La Querella le había preguntado cómo hizo para seguir viviendo y con esa respuesta Ana María Mohaded (51), ex prisionera de La Perla y protagonista de un terrorífico periplo de traslados por el vasto circuito represivo del III Cuerpo de Ejército, comenzaba a redondear un testimonio -detallista, vívido y profundo- del contexto de los crímenes que se investigan en esta causa, cometidos por Luciano Benjamín Menéndez y siete subordinados contra los jóvenes Humberto Brandalisis, Hilda Flora Palacios, Carlos Enrique Lajas y Raúl Osvaldo Cardozo, entre noviembre y diciembre de 1977. Licenciada en Comunicación Social y en Cine en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), Mohaded es hoy docente en la Escuela de Cine y realizadora de documentales. Muchas veces ha tenido que contar su propia historia.
Hacia fines de 1976, cuando era militante estudiantil en la Escuela de Arte de la UNC, fue secuestrada, junto a Norma Berti y Hugo Basso, a las 19 horas del 11 de noviembre, cerca de la plaza Jerónimo del Barco del barrio Alberdi. Atada, amordazada y metida al baúl de un auto civil, Mohaded logró desatarse, saltó e intentó huir, pero fue recapturada en avenida Colón al 3500.
“Esta es la de arte que estamos buscando”, oyó al llegar al campo de concentración de La Perla. Allí fue inmediatamente torturada, des-nuda y atada a una cama metálica, con corriente eléctrica, mientras la interrogaban sobre “casas” y “citas”, en medio de “un tumulto de gritos y aullidos” con que sus victimarios “se excitaban entre sí”. Entre sus captores, Mohaded recordó a Luis Manzanelli, Carlos Vega (“Vergara”) y Ricardo Lardone (“Fogo”), aunque también nombró a “HB”, alias que otros testigos han atribuido a Carlos Díaz, también imputado en este juicio. Varias veces apareció en el relato el nombre de Lardone, quien negaba con la cabeza y mascullaba palabras ininteligibles.
Además, mencionó a Héctor “Palito” Romero y al capitán Ernesto Barreiro, quien le mostró al cautivo Eduardo Porta, con graves se-cuelas de tormento. “Así vas a quedar vos”, la amenazó Barreiro.
“No sigan que se muere”, fue una de las frases que escuchó de un médico que controlaba las sesiones de tortura a que fue sometida. Luego de un rato, el supervisor autorizaba: “Ya pueden seguir”.
Luego, cuando la Fiscalía le preguntó por las secuelas, dijo que “las más leves son en el físico, como las cicatrices, pero las más terribles son en el alma” y que “encima de la lastimadura estaba esa mirada que no tenía derecho a mirarte”.
Un día la sacaron del campo hasta un camino de tierra cercano y luego de someterla a un simulacro de fusilamiento, le dijeron: “No te va a ser tan fácil”. Luego aclaró que esa era la respuesta a su planteo: “¿Por qué no nos matan de una vez?”.
En ese sentido, la testigo reveló: “Los que comandaban y otros se referían a Menéndez como el mandamás. Para él, ninguno tenía que quedar vivo, y si estábamos vivos era gracias a ellos. Incluso, decían que nos tenían a escondidas de Menéndez”.
Pero la muerte era omnipresente e implacable. Como con Luis Justiniano Honores, “un hombre mayor, obrero de la construcción”, que falleció frente a ella a causa de la tortura: “Ni siquiera le escuché un quejido. Murió con honores”.
También recordó que Manzanelli le confesó dónde se encontraba y que sus captores integraban el “Comando Libertadores de Amé-rica”, que contaba con el “apoyo del Ejército” pero era ilegal. “Nadie sabe dónde estás”, le dijo el entonces suboficial principal.
Sin embargo, a doce días de haber sido capturada, llegó la orden “de arriba” de que iban a dejarla con vida para ser sometida a un Consejo de Guerra.
Entonces comenzó un frenético derrotero de traslados, que incluyó el campo de La Rivera (al que consideró “de transición”), La Perla Chica de Malagueño (“No sé si mejor que La Rivera, pero menos dura que La Perla”), la División de Informaciones D2 del Cabildo (donde resistió un intento de violación que nunca contó antes “por pudor”, según narró entre lágrimas), la Unidad Penitenciaria 1 (UP1) de barrio San Martín ("Una extensión de los campos de concentración") y las cárceles de mujeres del Buen Pastor en Córdoba y Devoto en Buenos Aires.
“Mohaded, ¡comisión!”, era el anuncio que significaba “cualquier cosa”, previo a cada viaje que podía ser el último, siempre en camiones del Ejército que demostraban que esa fuerza mandaba en cada uno de los escenarios de la represión institucional. Las salidas eran siempre acompañadas de golpizas, encapuchada y con invitaciones a “correr”, el recurrente pretexto para eliminar a prisioneros con la llamada “ley de fugas”.
Estando en el Buen Pastor, aislada como "única presa política", por fin le permitieron escribir cartas a su familia, pero la presencia de sus captores era implacable. Un día lo reconoció por la voz a un supuesto empleado del Servicio Penitenciario que entró a su celda.
-Vos sos Luis Manzanelli. No sos del Servicio Penitenciario, sos torturador de La Perla -le enrostró Mohaded, antes de intentar alertar a una delegación de la Cruz Roja que justo se encontraba en la cárcel. “Fue la última vez que lo vi, antes de verlo acá”, añadió.
Mientras tanto, en octubre del 76 era sometida a un primer Consejo de Guerra -recurso con que Menéndez intentó sin éxito blanquear la represión clandestina-, acusada junto a Porta de “asociación ilícita subversiva” para el asesinato del gerente de una fábrica, acción atribuida a la Organización Comunista Poder Obrero (Ocpo). “Me preguntaron si yo había participado. Por supuesto que dije que no, si no he participado. La idea era mostrar que descubrían lo que hacía la subversión y que ‘vos estabas ahí’”, explicó Mohaded. El defensor que le asignó el Ejército fue claro: “Me puso una pistola en la cabeza. ‘Para mí, ustedes tienen que estar mirando las margaritas desde abajo’, me dijo”.
La farsa se repitió en 1978 y 79, para finalmente ser condenada por “asociación ilícita” a siete años de prisión, que se redujeron a cinco hasta su liberación en diciembre de 1982. “Me preparé para memorizar esto treinta años, porque decían que íbamos a estar treinta años en la cárcel”, expresó, aludiendo al exacto tiempo transcurrido desde entonces.
Como espejo del calvario de idas y vueltas mientras estuvo prisionera, también como testigo ha tenido que declarar en no menos de cinco ocasiones, ante la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep), en el Juicio a las Juntas de Comandantes y en la Justicia Federal de Córdoba.
-¿Usted estuvo nada más que doce días en La Perla? -quiso saber el presidente del Tribunal, Jaime Díaz Gavier.
-¿Nada más? ¿Le parecen pocos doce días? Estuve doce extensos días y doce extensas noches. Las noches eran duras en La Perla.
-Bueno, pero menos que otros testigos… -se excusó el magistrado. -Toco madera –ironizó Mohaded.
El lapsus de humor y sana insolencia fue como un soplo de aire fresco para un auditorio agobiado por el relato y el calor de la sala, que también afloró cuando la fiscal Graciela López de Filoñuk mencionó sus “once” días en el campo de concentración. La testigo retrucó: “Por favor, no me quite uno, que fueron doce…”.
Es que su veteranía como testigo es un elocuente ejemplo de la lentitud y burocracia de la Justicia democrática para llevar a los represores a sus estrados: “A estos datos los memoricé una y otra vez y los vuelvo a traer. Y espero no tener que volver a un Tribunal. Los guardé para que se sepa que ellos estuvieron allí y yo los vi”. "Es volver a recorrer el túnel de la muerte", dijo y la metáfora volvió a cambiar el clima de la sala. Por eso, esta vez, se tomó la libertad de contar otros episodios, que para ella tienen especial significado.
-Usted estuvo cuando me torturaban.
-Yo no te torturé...
-Pero no paró la tortura.
-Bueno, esto es una guerra y si no los torturamos ustedes no hablan.
Mohaded reprodujo ese diálogo con Vega, quien pretendía mostrarse más humano y a-mable que el resto. Ella tenía un pequeño collar, que pudo conservar a pesar de las sesiones de tormentos y “era como un emblema”, porque se lo había regalado su compañera Ingrid Sidaravicius. Varias veces, el suboficial se lo pidió. “En mi interior sentía que eso me protegía y no tenía que dárselo. Cuando llegué a La Rivera me lo tironearon. Pero yo no se lo di”, rememoró la docente.
También en La Rivera tuvo lugar otra anécdota interesante. Casi siempre encapuchada, un día reconoció la voz de Horacio Samamé, un ex compañero del secundario que quería ser policía “para servir al pueblo”. En aquellos años, Ana le reprochaba: “No vas a ser más mi amigo, porque si entrás a la policía va a ser difícil…”. Pero esa vez, al oír su voz, se permitió confiar en aquella promesa de su amigo.
-Horacio, decile a mi familia que estoy bien…
-Yo también estoy preso
-¡¿Por qué?!
-Porque no quise torturar…

Sobre el final de su asombroso relato, Ana Mohaded se permitió algo más: pedir al Tribunal un minuto de silencio “en homenaje a los hombres, mujeres y niños que quedaron en La Perla”. El juez Díaz Gavier asintió y al transcurrir el minuto, un cerrado aplauso la despidió.
(*) www.prensared.com.ar
desaparecidos
Ingrid Sidaravicius de Avena
Detenida-Desaparecida el 15/4/76

Ingrid Sidaravicius de Avena nació en Lituania el 15 de noviembre de 1938. Tenía 37 años. Era alta, su pelo entre rubio oscuro y castaño claro, delgada. Después de innumerables vueltas por el mundo, a los 18 años llegó a la Argentina, país que amó entrañablemente y del que se hizo ciudadana, aquí nacieron sus tres hijas. Era actriz, estudiaba en la universidad de Córdoba, en la escuela de teatro donde también fue empleada y militaba en el OCPO (Organización Comunista Poder Obrero) en la parte de prensa. En el año 1976, más precisamente el 15 de abril y a pocos días de haber regresado de un viaje a Canadá, fue secuestrada en la ciudad de Buenos Aires y desde entonces permanece desaparecida. Su casa en la ciudad de Córdoba (lugar donde residía habitualmente) había sido allanada el 25 de marzo. Su legajo en la conadep lleva el nº 1258 Su familia la busca desde entonces y si bien no hay datos de su paso por ningún centro clandestino de detención, existen sospechas de que pudo haber sido llevada a Córdoba después de su secuestro. La memoria es frágil y treinta y tres años son muchos pero la familia guarda la esperanza de que alguien pueda haberla visto, haya oído de ella o tenga algún dato que pudiera servirnos para localizarla.De http://ingridsidaravicus.blogspot.com/ Ingrid Sidaravicius de Avena

Ingrid Sidaravicius de Avena

Ingrid Sidaravicius de Avena Ingrid Sidaravicius de Avena

Ingrid Sidaravicius de Avena

¿Conociste a Ingrid Sidaravicius?

Si conociste a Ingrid Sidaravicius y querés compartir tus memorias o cualquier información sobre ella - o si sabés que le pasó luego de su desaparición -, por favor escribinos.

Proyecto Desaparecidos
Argentina

Presentes | Represores | Documentos | Voces | Blog | Últimos Documentos | Enlaces

Proyecto Desaparecidos Busca Notas Preguntas Frecuentes correo
f